Aquí os dejo un hito en la historia de la animación. Llevo años riéndome con este corto de la Warner, y a cada visionado me parece mejor. Disfrutadlo.
Hello, my baby! Hello, my honey! Hello, my ragtime gal!
;)
Pronto se cumplirán seis meses desde que vine a Canarias. Aquí va,en poco más de tres minutos, un resumen. La música es de Gianna Naninni.
Perrea...perrea
Ya estamos como siempre. Se suponía que iba a ser una broma para satirizar la telebasura y ya tenemos descargas de melodía, de juegos y pack conmemorativo a 40 euracos. Y lo peor, que una vez más estamos soñando con ganar Eurovisión. Siempre igual... os acordáis de “Con Camacho por fin vamos a ganar algo...” y lo primero que hizo fue convocar a Paco Jémez. Terrible preludio para el fin de un sueño. Sudoroso sueño, añado.
Y con todo eso, si no nos toman en serio por el mundo adelante, nos pillamos un globo de no te menees. Que entre bufonada y bufonada nos queda tiempo para sacar brillo al orgullo patrio.
Pero vamos a ver, que lo del Chikicuatre tuvo gracia los dos primeros días, que ya cansa y que EN EUROPA NO ENTIENDEN ESAS COSAS. Que nos empeñamos en meterles con calzador a Remedios Amaya, al Civera y el “Made in Spain pasaporte especial”... que lo latino les importa un cagao. Es más, a muchos en este país lo latino nos importa un cagao. Y no pasa nada, es como al galleguista que no le gusta Castelao y le aburre profundamente Rosalia. Es cuestión de opiniones... Al menos hasta que aparece la misma jeta a todas horas y en todos los canales, por que entonces empiezo a considerarlo un tema de seguridad nacional. Y mira que también nos encanta eso. Si Almodovar saca película, nos faltan minutos para hablar de Almodovar, así nos aburran sus películas. Si Fernando Alonso se rasca un huevo, hacemos un especial con un set acondicionado para los del telediario. No tenemos término medio. Un día Aragonés es nuestra tabla se salvación y al otro un hijoputa que nos está hundiendo... pero si venimos hundiéndonos desde los 80 con Luis Suarez...
Siempre la misma dinámica, subimos la cabra al campanario con todo el cariño...para asegurarnos que cae desde bien alto.
Dicho esto, dejo a un lado lo cutre y lo mezquino, y me despido con una sonrisa gracias a unos de mis personajes favoritos:
En este breve capítulo me referiré a aquella parte de mi vida que me ha llegado por referencias. Es un pequeño periodo, pero que se puede centrar en tres momentos. El balance, desde un punto de vista matemático, es negativo (dos a uno para el terror), y ello por culpa del mismo abyecto personaje: Walt Disney. Solo Grease vino a restablecer la paz en mi atormentada existencia con su chusca combinación de coreografías sandungueras, amoríos teenage y calcetinado blanco.
Mi primer enfrentamiento contra el terror parece que se produjo antes incluso de saber hablar. Eso me hace pensar en un terror en estado puro. Tiene sentido pensar que la conspicua y aviesa mirada de un lobo peludo con grandes colmillos y un sombrero de copa con un remiendo provocase recelo en cualquier pituso chupetero. Sobre todo en alguien que como yo no intenta ocultarla existencia de un eventual nexo con los gallináceos, como han probado documentos sonoros que, para mi escarnio, conserva en mi familia.
En su momento, ver al lobo acosar a los tres cerditos (rubicundos personajes que hoy, ¡cosas veredes amigo Sancho!, sólo me interesan desde un punto de vista culinario) me provocó una sincera llorera. Y es que el amigo Disney tenía un regusto decadente por lo macabro en ¿sus? creaciones.
Y esto nos lleva a mi segundo trauma causado por tan oscuro personaje. Para un crío de tres años, lo sucedido es lo que más se puede aproximar a un viaje al corazón de la psicodelia.
He oído tantas veces esta historia que ya no sé si las imágenes que me vienen a la cabeza son recuerdos o meras recreaciones, y por eso encuadro este hecho en la “prehistoria”. El caso es que todo tiene su origen en una de mis habituales convalecencias. En aquella época (los primeros años ochenta) la amigdalitis era mal negocio. No se andaban con chiquitas los galenos de la época, y hasta los más partidarios de la medicina natural recetaban penicilina sin que les temblase el pulso. Y yo, con mi propensión a tal dolencia, me acostumbré a alternar la fiebre y la penicilina.
Fue precisamente bajo los efectos de unas décimas de fiebre cuando vi por primera vez Alicia en el País de las Maravillas. No tendría más de tres o cuatro años. Mi madre me había llevado a ver la reposición al cine Ronsel, uno de los clásicos de Vigo, hoy por desgracia desaparecido. ¡Que le corten la cabeza! Una gritona reina con cara de perro amenazaba con decapitar a medio reino, incluidas varias cartas de una baraja de póker. Un niño enfermizo berreaba en brazos de una desagradable matrona. Los gatos hablaban y tenían la facultad de desaparecer. Alicia crecía y menguaba tras comer de una seta. Y mientras tanto, yo hecho un trapo en la gigantesca butaca del lóbrego y húmedo Ronsel. Demasiado para un crío de tres o cuatro años en pleno proceso febril.
Así salí.
Altigordo: (adj. masc.Parquecismo)
En sus inicios, la expresión altigordo no tenía más funcion que la de agilizar las conversaciones uniendo en una sola palabra dos conceptos independientes. Su comicidad hizo que calase enseguida y con el tiempo su significado se fue enriqueciendo. Ya no hablaba de un individuo de estatura superior a la media y deficiente condición física. Un altigordo debe ser tambien gris. Profunda y conscientemente gris. Lo que nos llevaría a hablar del color gris ballesta (por Carlos Ballesta…no saben quien es? A eso me refiero…)
Es el tipo de persona que rechaza ponerse una gabardina por considerarla una prenda llamativa, y que se siente más comodo en una cazadora ignífuga del color de moda de la temporada. El tipo de persona que bebe entre tres y cuatro cubatas la noche del sábado. Whisky o ron con Coca-Cola. Su espectro de mercado se mueve entre dos o tres marcas, eligiendo en función de su nivel adquisitivo. Difícilmente beberá gin-tonics, y de hacerlo, el altigordo será bebedor de Larios o Beefeater. La posibilidad de que un altigordo pida un gintonic de Tanqueray se paga 98 a 1. La posibilidad de que un altigordo beba Seagrams no se recoge por ninguna casa de apuestas. Ni en Gran Bretaña si quiera.
Y es esa extrema grisura la que ha llenado de significado la expresión, especialmente en relación con las mujeres. El altigordo es, ante todo, un usurpador. Un triste apéndice, un tumor que tarde o temprano aparece en nuestras exparejas. Un monumento de carne, piel y zapatos náuticos para rememorar el fin de una era. Son la aplicación de la filosofía Ford de producción en cadena a las relaciones de pareja. Millones de unidades vendidas. Economías de escala. Usted puede elegir su altigordo en el color que desee, siempre que ese color sea el GRIS.
Lo único que me separa de la molicie total en una tarde de calor como esta, es esa caja de polos mercadona de mi congelador. Es una razón de peso para volver a ser bípedo por un minuto y sacar a mis neuronas de su modo de ahorro de energía obligándome a decidir si quiero naranja o limones salvajes del caribe... (creo que kungfu master lo ha comentado ya en su blog, pero no lo olvidemos, en este maldito país solo hay refrescos y helados de naranja y limón por que es la mejor manera de largarnos los podridos excedentes de cítricos, y por eso estamos privados de sabores que en otros paises, inclusos allende el telón de acero, se consideran no sólo cotidianos si no necesarios).
El caso es que, encerrado en mi casa por culpa de la calima (los moradores del desierto están al acecho estos días), me dediqué a curiosear por internet en busca de software absurdo.
Evidentemente lo encontré.
Y estos son los resultados:
